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Mensaje  Minerva McGonagall el Miér Jul 04, 2012 12:01 am


[i][right]2 de Septiembre de 1972; Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, Despacho del Prof. Dumbledore.
El ejemplar de El Profeta cayó de entre sus dedos, aterrizando de cualquier forma sobre el escritorio antiguo de caoba, que seguramente contase con un par de siglos de vida.
Se llevó una mano a la sien, y la masajeó a conciencia con los dedos índice y corazón. Suspiró, cerrando los ojos e intentando asimilar la información que acababa de leer.
El ministerio no parecía darle demasiada importancia a las recientes desapariciones, y las mencionaba de paso, deprisa y corriendo. Pero Albus sabía que algo estaba pasando, sabía quién estaba detrás de aquello.
Lo había visto crecer, había visto la maldad hacerse más presente en los ojos de aquel hombre, y sabía que tras la sombra de Tom Riddle no podía haber nada bueno.

Abrió los ojos y repasó con gran velocidad los titulares de la montaña de periódicos que se extendían ante él. Su mirada chocó casi sin querer con las palabras "muerte", "muggle" y "desaparición" demasiadas veces como para tratarse de una mera casualidad, y supo qué debía hacer, para protegerse a sí mismo, proteger su escuela, y proteger al mundo mágico en general.
Tomó un trozo de pergamino, y lo rasgó de forma ligera con su tan usada pluma. Debían organizarse cuanto antes, no había tiempo que perder. Riddle estaba creciendo, a cada segundo que pasaba tenía un adepto más a su causa, y el sombrenombre Lord Voldemort comenzaba a provocar escalofríos. El secretismo no era suficiente para tapar sus actos, Albus Dumbledore tenía muy claro a qué tipo de persona se enfrentaba; sabía cómo acabarían las cosas si la comunidad seguía haciendo oídos sordos, y estaba convencido de que él era el único que podía pararlo.

La Órden del Fénix debía entrar en acción ya mismo, y en ella estarían reunidas los mejores magos de la actualidad, los únicos que Dumbledore sabía capaces de dar su vida por el bien común, por parar aquella secta de puristas, tan entregados a la causa. Se giró en su asiento, y clavó los ojos en el paisaje que se extendía más allá de su despacho. Los alumnos de la escuela corrían por los terrenos, aprovechando las últimas horas de luz que les brindaba el día. Se duelaban entre risas, y practicaban encantamientos y conjuros. Y entonces lo supo. Ellos era el futuro, el verdadero espíritu de la lucha y, los que sin quererlo, deberían cargar en sus espaldas con todo lo que estaba por llegar. Ellos, jóvenes inocentes, eran la verdadera clave de todo lo que estaba por llegar. De ellos dependería la victoria de un bando u otro, pues únicamente ellos tenían la vitalidad, la fuerza y el compromiso para batallar en la Guerra más grande que se libraría jamás en la historia de la magia.

La Gran Guerra está por venir, la historia está a punto de escribirse. Tú formas parte de ella, tú eres el único dueño de tu destino. Pero debes tomar partido, pues solo tú podrás defender lo que crees. Dos grandes magos, dos grandes bandos. Un colegio, una decisión. Y tú, ¿Con quién vas a luchar?


*


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